La inserción de México en la economía internacional durante las últimas dos décadas ha tenido un balance general positivo, pero sus beneficios no se han extendido por igual a todas las regiones y grupos sociales del país. El corolario del proceso de apertura ha sido un incremento del comercio exterior, la inversión extranjera y la productividad. Sin embargo, podría afirmarse que, en materia de integración, existen dos Méxicos. Uno, que incluye principalmente a estados del norte y centro del país, se ha insertado plenamente en los flujos de comercio internacional y, en particular, en la economía de América del Norte, mientras que el otro, caracterizado por los estados del sur, ha permanecido al margen de la economía globalizada.
Con base en lo anterior, se puede afirmar que los “estados globalizados” han visto un crecimiento relativo del empleo, los salarios y los ingresos de su población, lo que ha contribuido a reducir la pobreza, mas sin embargo el comportamiento de tales indicadores en el resto del país es a todas luces insatisfactorio. Esta situación lleva consigo el riesgo de que la polarización económica entre el norte y el sur acentúe la polarización social y política en los próximos años. Ante dicho escenario, el fortalecimiento de la competitividad es fundamental para que México promueva un desarrollo más equilibrado e incluyente entre las diversas regiones que lo integran, explotando para ello las ventajas comparativas de que dispone actualmente y desarrollando nuevas ventajas competitivas.
México cuenta con una posición geográfica que le otorga una cercanía privilegiada al mercado más grande del mundo, lo que se ve reflejado en el crecimiento del comercio en industrias en las que la oportunidad y velocidad de entrega al consumidor final son importantes. Sin embargo, el país presenta carencias importantes en la provisión de insumos como la energía, el crédito o los servicios de telecomunicaciones, entre otros. La participación de las empresas en el comercio exterior, en particular de las micro, pequeñas y medianas, se ve reducida por las dificultades de acceso al crédito y por el alto costo de hacer negocios. Las presiones competitivas derivadas de la mayor presencia de China y otros países en el comercio internacional, han sido también factores que en la última década han afectado la posición exportadora del país y, en consecuencia, su participación en los mercados globales.
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